domingo, 26 de abril de 2009

Marilo Montero

Asi se llama la causa

de mis mas placidos sueños,

de mis fatales congojas

y de mis largos desvelos.

 

Por tu culpa paso el dia

soñando medio despierto,

despierto medio dormido

y con un ojo entreabierto.

 

Yo era el aparcacoches

que te buscaba los huecos

y, aun no encontrandolos nunca,

no cejaba en el empeño.

 

Yo ademas era, en la playa,

el vendedor de refrescos;

el que nunca te cobraba

y tu te reias al verlo...

 

Un dia me cole en tu casa

vestido de butanero

y tu, al verme sin bombona,

me echaste sin miramientos.

 

Yo era ese vendedor

de castañas, mañanero,

que cada vez que pasabas

se chamuscaba los dedos...

 

Yo era el repartidor

de diarios callejeros;

esos que nunca se leen

y se tiran con desprecio.

 

Era el pobre que, a tu puerta,

siempre llamaba con miedo

y que, al ver a tu marido,

se iba asustado y corriendo.

 

El repartidor de pizzas,

el medico, el fontanero,

el pasante de abogado

el botones y el cartero.

 

El pintor de brocha gorda,

el dentista, el peluquero,

el guardia municipal

y tambien el basurero.

 

El vendedor de seguros,

el recaudador de impuestos

y el socorrista indolente

que sueña mirando al cielo…

 

el vendedor de cupones,

el musico callejero,

el camello de la esquina

y el mimo impasible y quieto.

 

El revendedor de entradas,

el maletilla, el torero

y el espontaneo en la plaza

haciendo de don Tancredo.

 

El vendedor de top manta,

el prestamista, el bloguero,

el taxista sin licencia

y el ludopata sin credito

 

Era aquel que te cantaba

por ver si salias a verlo

con esos dos grandes ojos

que parecen dos luceros;

 

mas cual seria de mi sorpresa,

aquella tarde de invierno,

que se asomo tu marido

con un bigote tremendo...

 

Todo eso y mucho mas,

aunque no puedas creerlo,

he sido y seria por ti;

por ti, Marilo Montero.

 

Aquellas noches pasadas

debajo del aguacero

son agua pasada ya

a cantaros, por supuesto.

 

Mucho llovio desde entonces,

y mas en ese momento,

que me castañean los dientes

cada vez que lo recuerdo.

 

Temblando de arriba abajo,

en mi febril devaneo,

por no llevarme paraguas

ni tampoco chubasquero.

 

¡Como llovia, madre mia,

la noche del aguacero;

la noche del aguacero,

mi madre, como llovia!

 

Debajo de tu cornisa

me refugie medio muerto;

el agua por las rodillas

y la moral por los suelos.

 

Las vecinas me ofrecían

caldo caliente y pañuelos,

paracetamoles varios

y un rosario de consejos.

 

Pero ya nada podia

aliviar aquel moqueo,

asi que me fui a mi casa

a dormir, solo, de nuevo.

 

Y a sudar la camiseta

con tres mantas y un brasero,

la bolsa de agua caliente

y un jersey de cuello vuelto.

 

Todo esto y mucho mas,

aunque no puedas creerlo,

he pasado por tu culpa;

soñando medio despierto.

 

baricocha@yahoo.es

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Tags: satira ironia humor

Publicado por Desconocido @ 12:48
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