Marilo Montero
Asi se llama la causa
de mis mas placidos sueños,
de mis fatales congojas
y de mis largos desvelos.
Por tu culpa paso el dia
soñando medio despierto,
despierto medio dormido
y con un ojo entreabierto.
Yo era el aparcacoches
que te buscaba los huecos
y, aun no encontrandolos nunca,
no cejaba en el empeño.
Yo ademas era, en la playa,
el vendedor de refrescos;
el que nunca te cobraba
y tu te reias al verlo...
Un dia me cole en tu casa
vestido de butanero
y tu, al verme sin bombona,
me echaste sin miramientos.
Yo era ese vendedor
de castañas, mañanero,
que cada vez que pasabas
se chamuscaba los dedos...
Yo era el repartidor
de diarios callejeros;
esos que nunca se leen
y se tiran con desprecio.
Era el pobre que, a tu puerta,
siempre llamaba con miedo
y que, al ver a tu marido,
se iba asustado y corriendo.
El repartidor de pizzas,
el medico, el fontanero,
el pasante de abogado
el botones y el cartero.
El pintor de brocha gorda,
el dentista, el peluquero,
el guardia municipal
y tambien el basurero.
El vendedor de seguros,
el recaudador de impuestos
y el socorrista indolente
que sueña mirando al cielo…
el vendedor de cupones,
el musico callejero,
el camello de la esquina
y el mimo impasible y quieto.
El revendedor de entradas,
el maletilla, el torero
y el espontaneo en la plaza
haciendo de don Tancredo.
El vendedor de top manta,
el prestamista, el bloguero,
el taxista sin licencia
y el ludopata sin credito
Era aquel que te cantaba
por ver si salias a verlo
con esos dos grandes ojos
que parecen dos luceros;
mas cual seria de mi sorpresa,
aquella tarde de invierno,
que se asomo tu marido
con un bigote tremendo...
Todo eso y mucho mas,
aunque no puedas creerlo,
he sido y seria por ti;
por ti, Marilo Montero.
Aquellas noches pasadas
debajo del aguacero
son agua pasada ya
a cantaros, por supuesto.
Mucho llovio desde entonces,
y mas en ese momento,
que me castañean los dientes
cada vez que lo recuerdo.
Temblando de arriba abajo,
en mi febril devaneo,
por no llevarme paraguas
ni tampoco chubasquero.
¡Como llovia, madre mia,
la noche del aguacero;
la noche del aguacero,
mi madre, como llovia!
Debajo de tu cornisa
me refugie medio muerto;
el agua por las rodillas
y la moral por los suelos.
Las vecinas me ofrecían
caldo caliente y pañuelos,
paracetamoles varios
y un rosario de consejos.
Pero ya nada podia
aliviar aquel moqueo,
asi que me fui a mi casa
a dormir, solo, de nuevo.
Y a sudar la camiseta
con tres mantas y un brasero,
la bolsa de agua caliente
y un jersey de cuello vuelto.
Todo esto y mucho mas,
aunque no puedas creerlo,
he pasado por tu culpa;
soñando medio despierto.
baricocha@yahoo.es
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